“Flor de Cobalto” es el nombre de la exposición recién inaugurada en la Biblioteca Nacional, en la que el destacado profesor del Departamento de Publicidad e Imagen de la Usach, Roberto Osses Flores, presenta una nueva tipografía que explora la relación entre el color y el territorio en el desierto de Atacama.
Junto a la diseñadora Paula Lobiano Barría, recorrió sectores representativos de este territorio entre Huasco y Freirina, con especial atención en la zona de La Cobaltera, complejo minero que, desde el 2006, se encuentra inactivo.
“La tipografía Cobaltera, exhibida en estas láminas, interpreta a través de sus formas las dimensiones inmateriales de este territorio, traduciendo elementos geográficos e históricos en lenguaje visual. Cada lámina fue impresa mediante la técnica serigráfica con pigmentos minerales, revelando por medio del color la materialidad de esta zona”, comenta el profesor Osses.
El proyecto nace de la necesidad constante de trabajar y dar a conocer primicias o novedades tipográficas. En este caso particular, surgió la posibilidad de llevarla a nuevas regiones en un punto de encuentro que une la creación de una fuente con la serigrafía, utilizando pigmentos de una zona específica.
“Como me gusta llamar a este proyecto, es una muestra; no es solo una tipografía, sino una muestra que da cuenta del proceso de desarrollo de la fuente, pero que se encarga también de que la exposición misma participe activamente en una presentación que lleva al público a algo más que solo apreciar la letra: a ver también cómo se despliega”, sostuvo.
La Cobaltera
Desde niña, Paula Lobiano mantuvo un vínculo con Huasco. Al presentarse la oportunidad brindada por el Fondo U-Creart, pensaron en realizar un proyecto tipográfico en la inmensidad del desierto, como una experiencia estética en la que se pudieran integrar la elaboración de pigmentos y la serigrafía.
El profesor Osses contó que, si bien existen muchos sitios turísticos en la zona, algunos de ellos bastante clandestinos, eligieron La Cobaltera, pues quedaron seducidos por el lugar desde el principio. “Creo que hay un concepto clave: cuando recorres La Cobaltera, experimentas algo similar a cuando visitas Humberstone u otros lugares de la zona norte, donde se siente que la vida que hubo allí quedó palpitando. Uno siente que hubo trabajadores que lo dieron todo y te preguntas cómo llegaban a trabajar aquí, si a mí me costó llegar en un 4x4. El trabajo duro y tóxico, la desigualdad, la vida y la aridez; esa es la combinación que nos cautivó”, aseguró el diseñador.
Consultado sobre cómo se expresa el desierto de Atacama en esta nueva tipografía, Osses indicó que, conceptualmente hablando, Cobaltera, en su versión más gruesa, tiene un peso que se conecta con la inmensidad del desierto. “Aquí aparecen las piedras, los minerales, los bloques grandes y se contrastan con una forma caprichosa, o juguetona, orgánica, como pétalos. Esa contraposición es lo más evidente: el magnetismo y el pétalo se funden y representan la zona específica de la Cobaltera, que es el lugar donde se da este fenómeno del desierto florido”, aseguró.
Sin duda, la calidad humana fue fundamental para el éxito del proyecto al encontrar a los mediadores perfectos con la comunidad a través de Juan Pablo Troncoso y Jorge Chávez de la Corporación Cultural de Huasco. “Ellos se transformaron en verdaderos traductores de la esencia y la identidad cultural de los lugareños. Pudimos entablar una relación de mucha confianza; personas de todas las edades, incluso en el taller final sobre caligrafía con pigmentos minerales, varias señoras de más de 75 años que trabajan fileteando pescado en caletas cercanas nos agradecieron por el trabajo y se lamentaban de tener que volver temprano a sus hogares. Esto te llena el alma”, agregó.
Buscando la paleta cromática del desierto de Atacama
Paula Lobiano Barría, diseñadora industrial dedicada al diseño editorial, comentó que todo lo que tiene colores es porque posee pigmentos. Es por ello que, junto al profesor Osses, exploraron diversos territorios buscando colores que fueran significativos del Desierto de Atacama.
“El pueblo diaguita sigue desarrollando pigmentos hasta el día de hoy. El estudio de colores de la zona del desierto es muy antiguo y coincide que son los mismos territorios en los que estuvimos. En realidad, los diaguitas tienen una raíz histórica en el desarrollo de pigmentos para textiles, para vasijas, para greda, entre otros elementos”, expuso.
Extraídos de lugares entre Huasco y Freirina, estos colores aún no tienen nombre específico, a la espera del estudio que mostrará exactamente los minerales que componen estas tonalidades.
“El proceso para realizar estos pigmentos parte de la recolección y limpieza de los mismos en terreno. Luego, pasa por un proceso de tamizado, que consiste en pasarlos por diferentes coladores de diversas medidas para obtener un grano más fino. Posteriormente, se realiza una molienda inicial para pasar al proceso de levigado, que consiste en separar las partículas más pesadas de las más finas. Después sigue el filtrado y, a partir de este, el secado, en el cual se efectúa la última molienda para que el pigmento quede ultrafino”, aseguró Lobiano.
Con estos pigmentos se desarrolló la tinta con la que se elaboraron las serigrafías de la exposición Flor de Cobalto, que hoy se sigue exhibiendo en la Biblioteca Nacional.
